Ciro Añez Núñez
Para garantizar una
educación de calidad amerita inversión en el desarrollo intelectual de las
personas, esto implica brindar un servicio de excelencia y para ello es
menester que se garanticen las libertades, entre ellas, la libertad educativa.
No solo deben ser los
gobiernos (Estados) quienes monopolicen el servicio de la educación sino que debe
brindarse todas las garantías a los particulares para que éstos también provean
dicho servicio y desarrollen modelos o programas eficaces.
No olvidemos que la
formación educativa de calidad pasa también por una decisión personal y en
consecuencia cada cual también debe ser responsable de escoger el itinerario de
su propia formación. De esta manera los consumidores de un servicio (en este
caso los estudiantes) no necesitan organizar ninguna huelga para protestar
contra la defectuosa calidad de ese servicio, bastará con que cambien de
proveedor.
La educación merece también ser
vista como un bien económico que posee un costo. Aquel criterio de que la
educación pública o estatal es gratuita no es real por cuanto existe alguien que
al final la paga y esto ocurre mediante la apropiación coactiva (confiscación)
de la propiedad y los frutos del trabajo de algunos para satisfacer las
demandas a otros. Es decir dicho pago es en realidad gasto público que se
realiza con el dinero de todos los contribuyentes, por ende no es dinero gratis
que cae del cielo. Entonces, lo más importante en esto es la administración
pública del sistema educativo, por lo que debe exigírseles principalmente a
ellos eficiencia, transparencia, calidad y buenos resultados.