martes, 1 de septiembre de 2026

Marionetas del algoritmo

Ciro Añez Nuñez. 

El auge de los bots y trolls demuestra que es absurdo depender de los likes, las visualizaciones o el número de seguidores. Vivir obsesionado con la validación externa y las métricas digitales es una trampa que destruye el bienestar y la claridad mental. Buscar aprobación en las redes sociales significa entregar el control de la felicidad propia a desconocidos.

Quien condiciona su paz interior al reconocimiento digital se convierte en una marioneta de las opiniones ajenas y diluye su identidad, actuando en función de lo que el resto espera en lugar de guiarse por convicciones propias. Las opiniones positivas inflan el ego y conducen al estancamiento, mientras que la preocupación constante por la aprobación refleja una profunda falta de autoconocimiento.

El alcance visual solo debería importar para que los mensajes útiles se difundan, jamás para medir el valor personal. La opinión de la masa no equivale a la verdad. Además, las críticas destructivas retratan a quien las emite, no a quien las recibe. Si antes lidiábamos con el juicio de unas pocas personas, hoy nos enfrentamos a la superficialidad de millones, a menudo amplificada por granjas de bots dedicadas a la manipulación. Un ser humano consciente mantiene su paz intacta, inmune tanto al insulto como al halago.

Las redes sociales son solo tecnología, son herramientas maravillosas para difundir mensajes, pero pésimos sustitutos de la estabilidad interna de las personas. Si nos expresamos en redes, hay que hacerlo como un desbordamiento de lo que cada persona es, no como un intento de llenar un vacío. El verdadero desafío no es evitar la plaza virtual, sino caminar por ella sabiendo exactamente quienes somos, incluso si la plaza se queda completamente vacía.

El problema es el extravío en el deseo de ser escuchado frente a la necesidad de aprobación, esto es, Expresión vs. Validación. Las redes son útiles para compartir ideas o comunicarse. El problema surge cuando la identidad y/o el valor personal dependen de la reacción del resto.

El peligro del control externo es que si la alegría o felicidad sube con un "like" y baja con un "disgusto" o con el silencio. Si eso ocurre es porque han entregado el control de su vida a la pantalla. Entonces, si alguien puede decidir si eres feliz o infeliz, por ende, se es el esclavo más absoluto. En el ejemplo de la plaza, alguien con paz interior habla porque tiene algo que decir, no para recolectar las miradas de los transeúntes. Si la gente se detiene, es un subproducto; si no, su bienestar sigue intacto.

Los "likes justos" y el valor del contenido, es una trampa de la denominada autoestima. Si decimos que nuestros likes son "justos" porque la gente valora el intelecto y no la juventud o el dinero. Aunque esto es mucho más genuino, sin embargo, cualquier forma de validación externa es adictiva. El ego no solo se alimenta de la belleza física o el poder, también está el "ego intelectual" (sentirse valorado porque uno escribe o dice de forma interesante) es igual de sutil y peligroso si se convierte en tu sustento emocional.

Los Trolls, Bots y la ilusión del mundo virtual, son identidades falsas. La existencia de bots y trolls refuerza el argumento de que el mundo virtual es una ilusión peligrosa. Si sufre la persona por el comentario de un troll o se alegra por el “me gusta” de un bot, estás permitiendo que un algoritmo o un extraño con frustraciones manipule su propia química interna. Esto se debe a que existe una falta de conexión real. 

Las redes sociales nos dan la ilusión de estar conectados con miles de personas cuando, en realidad, estamos cada vez más aislados en una habitación mirando un plástico brillante. Solo debemos cambiar el lugar interno desde donde nace esa expresión. Si nos expresamos esperando que nadie nos lea, estamos fingiendo; si lo hacemos buscando desesperadamente el aplauso o la difusión (la famosa palabrita: “viralizar”), se están esclavizando.

El enfoque práctico es expresarse como un "desbordamiento", no como una búsqueda. Usar la plaza virtual de forma consciente. Compartir, no succionar. Si se escribe porque se tiene algo valioso que ofrecer al mundo, hay que hacerlo con generosidad. Pero si se escribe porque se necesita la atención del mundo para sentirte valioso, hay que detenerse, porque están usando a los demás como un espejo para parchar su propia inseguridad.